Chile, un país de poesía

Esta no es una frase vacía, ni mucho menos carece de sentido. Grandes reconocimientos, entre ellos dos Premios Nobel, la respaldan. Desde antes de la llegada de los españoles, ya en Chile se hacía poesía, pero no escrita, era de forma oral; los aborígenes chilenos la recitaban a sus guerreros antes de partir a la batalla y también en los funerales los familiares recitaban poesía al ser querido fallecido, y los lideres religiosos hacían lo propio ante sus seguidores.

Se cree que el descubrimiento de Chile ocurrió también de la mano con la poesía, pues en el poema La Araucana, Alonso de Ercilla se encarga de relatar, por medio de la poesía, la primera fase de la conquista de Chile, describiendo pasajes de la guerra entre el pueblo mapuche y los conquistadores, el carácter del pueblo originario y la hermosa naturaleza con la que se topaba. Poco después, Alonso de Ovalle quizás sin saberlo, comienza a montar las bases de la literatura chilena cuando en 1646 publica su obra más grande, llamada “Histórica relación del Reyno de Chile” donde haciendo uso de la narrativa, forjó un antes y un después en la literatura chilena.

No fue hasta el siglo XX que llegaría “la edad de oro de la poesía chilena”, durante la cual se erigirían los cuatro grandes de la poesía chilena. Este grupo está conformado por Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Carlos Ignacio Loyola y Pablo Neruda, quienes, a excepción de Gabriela Mistral, tenían afinidad con el partido comunista. De estos cuatro grandes derivaron los dos Premios Nobel de Literatura, uno para Neruda y otro para Mistral respectivamente, dejando el nombre de Chile en alto, y marcando una huella en la literatura occidental, donde no se puede hablar de poesía sin pensar por un momento en Chile, que es, con muy buenos argumentos, un país de poesía.